2026-07-01
Preguntale a cualquier familia uruguaya qué se come "los 29" (o cualquier martes de pasta) y vas a escuchar la misma respuesta en cualquier barrio de Montevideo: ñoquis, sorrentinos, tallarines, canelones. Esa costumbre no llegó por moda reciente — es herencia directa de la inmigración italiana que transformó la cocina uruguaya entre fines del siglo XIX y principios del XX.
Entre 1880 y 1930, cientos de miles de italianos llegaron a Uruguay, la mayoría del norte y centro de Italia (Piamonte, Liguria, Lombardía, además de zonas del sur). Se instalaron fuerte en Montevideo y en el litoral, y trajeron algo más importante que cualquier objeto: la costumbre de hacer pasta casera en la propia cocina, a mano, como parte de la vida diaria y no como algo especial. Uruguay terminó con una proporción de descendientes de italianos altísima para la región — y eso se nota en el apellido de la mitad del país, y en lo que hay en la heladera de esa mitad del país.
En muchas partes del mundo la pasta fresca quedó como plato especial de domingo. En Uruguay se instaló como comida de entre semana, casera, barata y rendidora — perfecta para una economía familiar que necesitaba estirar la harina y los huevos. La tradición de "amasar los sorrentinos el sábado para comer el domingo" (o freezarlos para la semana) viene directo de esa lógica: se hacía en casa porque era más accesible que la carne, y quedaba rico igual.
Con el tiempo, hacer pasta a mano todos los días dejó de ser viable para familias con menos tiempo, y surgieron las fábricas de pastas de barrio — como Tricotta— que siguen la misma lógica artesanal (masa con huevo, relleno casero, sin conservantes) pero la hacen a escala para que no haga falta amasar en tu propia cocina. La receta no cambió mucho en 100 años: lo que cambió es quién la amasa.
Palabras como "sorrentino", "capeletti", "tallarín" o "ñoqui" llegaron con esa inmigración y se quedaron tal cual (con alguna adaptación de escritura) en el español rioplatense, mientras que en otros países de habla hispana esos mismos platos casi no se conocen con esos nombres. Es una marca lingüística de cuánto caló esa cocina en la identidad uruguaya — no es "comida italiana que también comemos", es directamente comida uruguaya con apellido italiano.
Hoy en Tricotta seguimos esa misma tradición de fábrica de barrio: pasta fresca hecha de verdad, para la mesa de todos los días. Pedí la tuya para esta semana.